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Como es bien sabido, hay dos tipos de personas en este país: los fans de Héroes del Silencio y los que se ofrecerían con gusto a darles una paliza en un callejón oscuro. No contabilizamos a esa gran masa de gente que conoce 5 o 6 temas del grupo y les gusta, porque resulta que los conocen de escuchar los 40 Principales (principal medio de promoción del grupo) y te pueden nombrar también 4 o 5 temas de Maná sin caérseles la cara de vergüenza. Esos joden cualquier estadística, menos las de los organizadores de eventos como el de ayer cuando hicieron caja.
Pero bueno, como ya se ha publicado aquí un esbozo del perfil medio del fan de Héroes del Silencio, me voy a ahorrar la descripción casi costumbrista de miles de tipos con camisetas iguales y parafernalia jevi-gótica que hacían botellota en los alrededores del Estadio Olímpico de la Cartuja, de las conversaciones a voz en grito en mitad del concierto discutiendo detalles sobre el setlist en comparación con otros conciertos de la gira o lo importante que resulta decir rápidamente el nombre del tema 2 o 3 segundos después de que empiece, en una suerte de concurso de televisión donde el premio es ser más fan que tu clon vecino. Este tipo de miserias es común a la mayoría de conciertos de rock, de pop, de música de cámara… menos los de reggaeton, donde sólo hay lugar para el perreo.
Lo que sí voy a resaltar es lo escalofriante de descubrir que tú puedes ser uno de ellos. No me di cuenta hasta que me sorprendí tarareando cada uno de los temas, quejándome de la falta de tal o cual canción y mirando con envidia a los tíos que conocían las inéditas o menos conocidas palabra por palabra. Para contrarrestrar este amargo hecho aprovechaba cualquier fallo del guitarrista para gritar “dios qué malo eres, cabrón” o “más cañaaaaa” cuando adivinaba que iban a tocar una lentorra. Pero joder, voy a asumirlo. Me gustaban, compré algún disco y durante un año de mi vida estaban bastante presentes. Héroes del Silencio han sido los únicos que se plantearon desde el principio asumir todos los clichés del rock anglosajón sin avergonzarse, bien sea con el loable afán de sacudirnos a todos el gracioso complejo de inferioridad que arrastramos desde 1898 y que ha sido explotado sabiamente por Mortadelo y Filemón, bien sea porque son así de estirados y gilipollas. En cualquier caso en los 90 eran de nuestros mejores embajadores, sobre todo si los comparamos con artistas anteriores con éxito en el extranjero como El Príncipe Gitano o Juan Carlos I. Todos esos clichés rockeros se presentaron de nuevo ayer y en formato de lujo. Metros y metros de pista para dar pie al frontman a lucir movimientos ya conocidos sin estrecheces, una lengua de escenario para acercarse a los fans en algunos temitas más reposados, explosiones, juegos de luces y pantallas gigantes con imaginería sobre la banda y su mística The Cult meets The Cure meets Led Zeppelin. El consabido “Buenas noches Springfield”, las falsas despedidas antes de los bises, la presentación de los músicos… una suerte de ZooTV Tour de U2 a la española. Y funciona de puta madre, y sale uno tan contento si se deja arrastrar por el entusiasmo general y disfruta del espectáculo. Que de eso se trataba, al menos de cara a la prensa: de hacer una despedida en condiciones, a lo grande, y después, a otra cosa; por mucho que la gente gritase “Que se besen, que se besen” cuando Bunbury se sentó rollo colegas (más clichés) al lado de Juan Valdivia: se supone que una vez acabada la gira, se trata de editar DVD´s y sacar algo de pasta extra y fin de la historia.
La coartada de despedida final se hace muy presente en la selección de temas. Aunque no incluyeron clásicos en sus actuaciones como “Decadencia” , sí que estuvieron “Oración”, “Entre dos tierras”, “Mar Adentro”, “Héroe de Leyenda”, “Nuestros Nombres”, “La Herida”, “Avalacha”… fue un repaso bastante completo a la discografía de los zaragozanos, incluyendo temas poco escuchados en otras giras como “El Mar no Cesa” o “Tesoro” (el primero creo que ni siquiera aparece en ningún largo de Héroes). Phil Manzanera fue presentado como invitado de lujo y se marcó dos temas de “El Espíritu del Vino”. Hay que decir que la guitarra de Valdivia se escuchaba algo bajita, algún malpensado dirá que para enmascarar sus legendarias gambas en los momentos álgidos de los solos de guitarra. Su hermano parecía un clon del propio Valdivia hace década y pico, y se le veía con entusiasmo, cosa que no se puede decir del resto de la banda, con sus rictus de muñeco de cera. Después del concierto, no tuve ganas de visitar ningún bareto. La perspectiva de tener cerca de 70.000 fanáticos invadiendo las calles de Sevilla y el alcalde haciendo la vista gorda ante botellones y gente bebiendo fuera de los locales -cuando lo normal es que mande 5 o 6 coches de policía por zona de concentración juvenil y obliguen a despejar el lugar-, no me atraía. Así, madrileños, granadinos, gallegos, etc. volverán a sus comunidades con la falsa impresión de que Sevilla es una ciudad con un animado ambiente nocturno. Apúntate otra, gordo cabrón. Así, de memoria, creo que puedo recitar la lista de temas por si algún fan ha entrado en esta página esperando un repaso más completo. Sonaron: “Mar Adentro”, “El Mar no Cesa”, “No Más Lágrimas”, “Entre Dos Tierras”, “Maldito Duende”, “Despertar”, “El Estanque”, “La Carta”, “Con Nombre de Guerra”, “La Herida”, “Tesoro”, “Nuestros Nombres”, “Tumbas de Sal”, “Deshacer el Mundo”, “Avalancha”, “Bendecida”, “Apuesta por el Rock and Roll”, “Sirena Varada”, “Iberia Sumergida”, “En Brazos de la Fiebre”, “Opio”, “La Chispa Adecuada”. |
galko Escrito por Invitado el 2007-10-31 00:09:14 Me gustó mucho esta reflexión sobre el concierto de HDS en Sevilla. Coincidimos bastante. Aquí dejo otra que puse en mi blog hace unos días... espero no se molesten ustedes (utilizando la tercera persona del plural, como Bunbury, eh) por este pequeño spam, jeje. http://mercadeopop.blogspot.com/2007/10/hroes-del-silencio-2007-estadio-olmpico.html SAludos cordiales. |
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