No sé si calificar el asunto de cómico, kitsch, lamentable, o simplemente triste, asà que lo dejaremos en agridulce. Por una parte ver a uno de los padres del Rock and Roll era una oportunidad que no podÃamos dejar pasar. Por otro lado nos preocupaba el estado de forma en el que podrÃa encontrarse. Las referencias que tenÃamos no eran demasiado buenas.
El caso es que por segunda noche consecutiva nos acercamos al BB King Blues Club & Grill de Nueva York donde actuaba Little Richard. Nuevamente llegábamos con el tiempo justo a un local prácticamente lleno, lo que se tradujo en que nos colocaran en una mesa situada en un lateral y con visibilidad casi nula; con unas pequeñas protestas conseguimos que nos sentaran en otra mesa en la que al menos veÃamos el escenario. Aún asÃ, por megafonÃa se anunció que el concierto comenzarÃa en breve (traducción simultánea: Little Richard todavÃa no habÃa llegado al local, y todavÃa tardarÃa bastante). No sé qué pensarÃa el público presente, compuesto en su mayorÃa por personas de una edad casi tan avanzada como la del protagonista de la velada.
El concierto comienza sin Little Richard sobre el escenario, con la banda (magnÃfica, por cierto) realizando una vistosa introducción instrumental, especialmente los dos baterÃas, que sin dejar de tocar se cambian de instrumento. Cuando Little Richard sale al escenario, vestido completamente de blanco, tiene que ser ayudado a alcanzar su piano (según comentó se habÃa lastimado en las costillas unos dÃas antes). Little Richard apenas toca (en su banda tiene a un teclista que le cubre), no mantiene mucha voz, y se dedica más a hablar con el público entre canción y canción. Incluso manda callar al respetable en varias ocasiones mientras cuenta sus anécdotas. En un momento dado pide que suban algunas "chicas" al escenario; acaban por subir tres señoras que podrÃan ser las hermanas pequeñas de mi abuela. Lo dicho, entre cómico y lamentable.
Gracias a Dios la banda que acompaña a Little Richard es muy solvente y suena magnÃficamente. Porque Little Richard lo que es tocar y cantar... poquito poquito. Pero en conjunto no se puede negar que asistimos a un gran espectáculo (en el sentido más amplio de la palabra). De todas maneras los detalles kitsch no acabarÃan ahÃ, puesto que a la salida del concierto fuimos obsequiados con un libro de temática religiosa acompañado de una foto en blanco y negro del divo que ya se han convertido en uno de los fetiches más preciados de mi colección de memorabilia (y no por su valor económico precisamente).












