Estamos ante uno de los mejores cómics de la historia de la novel gráfica. Varias nominaciones a los premios Will Eisner avalan el trabajo de Steve Niles (guionista) y Ben Templesmith (ilustrador), así como varias secuelas basadas en la historia.
Pero todo esto es palabrería barata.
En el 2002, año de publicación, el mercado estaba saturado de historias de Vampiros. El alud de películas de malas de chupasangres que se arrastra gracias a películas de tan escasa calidad como "Revenant" (con el impagablemente patético Casper“Fantasma” Van Diem), "Drácula 2000", o "Blade I" y "II", la adaptación de los libros de Ann Rice de la saga vampírica "La Reina de los Condenados", "Vampiros de John Carpenter", con el hombre que nunca envejece, Jon Bon Jovi, intentando hacer sus pinitos como actor, y un largo etcétera de patetismos que intenta alcanzar la maestría de Francis Ford Coppola en su adaptación de la novela "Drácula".
El caldo de cultivo propició que la novela gráfica de Templesmith fuera recibida con los brazos abiertos por frikis ávidos de sangre, que se sorprendieron notablemente al descubrir que era, incluso, buena.
La acción transcurre en un pequeño pueblo de Alaska llamado Barrow, donde en invierno la noche es tan larga que llega a durar un mes entero. Partiendo de esta premisa, se puede suponer la escabechina que pueden llegar a liar unos cuantos vampiros en una ciudad sin día.
Poco después de comprobar que la historia cosechaba premios, hubo un primer intento fallido de llevarla al cine por parte del guionista Steve Niles. No fue hasta queStuart Beattie, guionista de la saga "Piratas del Caribe", empezase a mostrar interés por el proyecto, que este consiguió levantar cabeza, ya que no había conseguido ni con las aportaciones de Sam Raimi, que siguió manteniendo su intención de producir esta película contra viento y marea.
La alegría sin precedentes llegó a finales del 2005 fue anunciado el director: David Slade.
Obviamente, la que escribe estas líneas no puede ser menos objetiva, teniendo en cuenta que Slade tiró por un precipicio a Matt Bellamy en uno de los mejores videoclips de Muse. Y convirtió a Aphex Twin en adorables osos de peluche con pinta psicópata en el video “Donkey Rhubarb”. Después de haber engrosado la lista de videos retorcidos para la Warp Records, fue capaz de acojonar a los espectadores de Sitges (los más veteranos en este género) con dos personajes, un fondo, una silla de escritorio y un bisturí ("Hard Candy", el premio del público de Sitges más unánime de la historia del festival). Sin con tan poco elementos es capaz de darnos una ración de sustos considerable, ¿Qué no podrá hacer con hordas de maquilladores y técnicos de efectos especiales?
La película se estrena en España el 8 de Febrero, y ya viene avalada por una taquilla que, en un mes, ha doblado el gasto total de producción. Y, por una vez, la taquilla y yo vamos a estar de acuerdo.