Insomnio de una noche de verano
Cuestra creer que el cambio climático no es más que una maniobra panfletista de los radicales de Greenpeace cuando aún no ha llegado San Juan y ya tienes que encenderse el aire acondicionado bajo pena de no pegar ojo en semanas.
Lo bueno del insomnio es que te deja tiempo para reflexionar, una vez se agotan los contactos de la agenda, el messenger y el porno online. Si no eres adicto a las drogas legales, es un buen momento para repasar aquellas series que tenías pendientes, pensar en lo que tendrías que haber hecho durante el día, la semana, el mes o tu vida.
Recientemente me he enganchado a la maravillosa “Californication”: una serie que habla del romanticismo visto desde los ojos de un cínico nihilista, repleta de monólogos gloriosos, frases cortantes y sexo a cascoporro. Por supuesto, como las tetas es lo primera que entra a la vista, generalmente la vasta mayoría de la población suele resumir la serie con esta última parte: el prota no para de follar. Pero lo mejor viene entre polvo y polvo, cuando se dedica a reflexionar acerca de su vida, de su entorno, de cómo evoluciona (o deja de hacerlo).
Todo va sobre evolución.
Por eso entre mi pirámide cinéfila particular, más bien en la punta de ella, se encuentra la obra maestra de Charlie Kaufman y Spike Jonze “Adaptation”, horrorosamente traducida al castellano como “El ladrón de orquídeas”, título original del libro de Susan Orlean al que las varias personalidades de Charlie Kaufman se adaptan para hacer una película. Fue realmente curioso cuando su inexistente hermano Donad fue nominado a los Oscars por mejor guión adaptado (de una forma súmamente libre y magistral); guión que, además, era mucho más original que los que se encontraban ese año en la categoría de originales.
Y nunca creí que dijese esto de una película protagonizada por Nicholas Cage.
Mientras Charlie hace la película, Donald te explica lo que pasa, aunque hay algo que nunca he acabado de entender: en el triángulo formado entre el policía, el asesino y la víctima, ¿Quién es la víctima? Susan queda descartada, ya que es un personaje real. Aunque cuesta mucho diferenciar realidad de ficción, y toda la película se describe a sí misma como un enorme happening.
Es curioso que esta forma de escribir sobre el “showbiz” me recuerde tantísimo a otro Kaufman: el humorista Andy Kaufman, ferviente fan e imitador de Elvis y máximo exponente del anti-humor y el happening televisivo. Al igual que Charlie (y Donald), Andy gustaba de jugar con la mente de los espectadores hasta que perdían la noción de lo que era real y lo que no.
En el cine existe un concepto que se llama “suspensión de la realidad”: consiste en crear un entorno lo suficientemente creíble como para que llegues a tragarte a una caperucita roja de acero, ataviado con los colores de la bandera americana y el taparrabos por fuera, que vuela. O a un montón de gente muerta que escava para salir de sus ataúdes. Así funcionó la Santa Madre Iglesia durante milenios: suspendiendo la realidad para hacer creer que un zombie judío y a la vez bastante marxista vendría a salvarles de sus pecados a través de un ritual, bastante gore, mediante el cual comes su carne y bebes su sangre. Sin duda, esta fue la inspiración definitiva de George Romero.
Y, luego, al que se le va la olla es a LaVey.
October 21st, 2009 at 6:05 pm
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